Perdido y encontrado de Charles Duncan – Capítulo 1

Perdido y encontrado Una historia de star citizen escrita por Charles Duncan – Capítulo 1

Este relato es una traducción realizada en la web ciudadano estelar de una historia publicada en cuatro partes y escrita por Charles Duncan. Está basada en el universo de Star Citizen. ¡Disfrutadlo!

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–Supongo que eres consciente de que esto empieza a rayar lo obsesivo –dijo Jonas Stark reclinándose hacia atrás en su silla y suspirando en dirección a su tripulante.– Lo digo en serio, Oskar, tienes que dejar de darle vueltas a este asunto.Oskar Gruber permanecía rígido, sentado frente al escritorio de Stark.

–Comprendo su opinión sobre este asunto, señor. Pero con el debido respeto, creo que no está entendiendo correctamente la situación –contestó.

–Oh, no creas, la comprendo perfectamente. Hallamos una nave a la deriva con un piloto muerto a bordo, la reclamamos como una recuperación legal, la vendemos, y a partir de ese momento, no hay más asunto.

–¿No sienten ninguna curiosidad por saber por qué estaba ahí fuera, por qué se había alejado tanto de cualquier otra persona? ¿Por qué la nave parece tan diferente?

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–No, señor Gruber, no me importa ni debería importarle a usted. Nos dedicamos a recuperar pecios. Tenemos una nave recuperada, de forma claramente legal y sin que nadie lo ponga en duda. Es una Cutlass, no una nave xi’an. No le importa a nadie. Las venden a un décimo de crédito la docena. No se trata del hallazgo milagroso del siglo que usted parece estar empeñado en que sea.

–Está bien, señor. Si esa es su postura, no intentaré hacerle cambiar de idea.

–Bien –dijo Stark inclinándose hacia adelante–. Entonces espero que este tema esté zanjado.

–No del todo señor. Quiero comprar esa nave.

Stark no pudo evitar echarse a reír.

–¿Comprarla? ¿Para qué?

–Como usted mismo ha dicho, señor, es una nave recuperado de forma completamente legal y nosotros nos dedicamos a operaciones de recuperación, no a transportar mercancías. La vamos a vender de todas formas, así que me gustaría comprarla.

Stark volvió a soltar una risotada.

–¿Y con qué piensas comprarla? ¿Conocimientos técnicos? ¿Encanto y buena apariencia? –se burló–. Recuerda que sé cuánto ganas.

El rostro de Gruber enrojeció, pero su expresión se mantuvo firme.

–Muchas gracias por su preocupación, señor, pero he sabido invertir bien mi paga tras licenciarme. Aunque a decir verdad, eso no es asunto suyo, señor. Le pagaré el valor que tiene en el mercado. Como usted ha dicho, no es más que una Cutlass.

Stark miró fijamente a Gruber y luego meneó la cabeza.

–Muy bien, Gruber. Haz lo que quieras –Stark señaló la puerta–. Ve a ver a Maureen en finanzas. Compra la condenada nave. Al fin y al cabo, se trata de tu dinero.

Gruber se levantó de la silla.

–Gracias, señor.

Stark volvió a hacer un gesto con la mano hacia la puerta.

–Hazlo y no se hable más. Y no quiero volver a oír hablar nunca más sobre este asunto.

Gruber asintió y salió del despacho del capitán.

Una hora después, Gruber era el propietario de la Cutlass llamada Outbound Light. Se rellenaron los formularios de registro necesarios, se pagaron las tasas, se cumplimentaron las obligaciones legales, y la suma de los ahorros de Gruber disminuyó de forma significativa. Sólo le quedaba una tarea por hacer. Gruber se armó de valor y volvió a entrar en el despacho del capitán.
Stark levantó la mirada desde el otro lado del escritorio.

–¿Otra vez por aquí, Gruber? ¿No tienes nada útil por hacer aparte de venir a molestarme? –Stark señaló las pantallas de mobiGlas encendidas–. No sé si estás enterado de que tengo una empresa que dirigir aquí. Maureen ya me ha dicho que has comprado esa vieja nave.Gruber se cuadró de hombros.

–Soy consciente de ello, señor. Sólo quería comunicarle personalmente mi dimisión.

Gruber dio la espalda a la cara atónita de Jonas Stark y se marchó de la habitación.

Oskar Gruber permaneció sentado en la bodega de carga vacía de la Outbound Light. Estaba temblando levemente. Tal vez se había apresurado en abandonar su trabajo. Había sido lo correcto. Sabía que hacerlo había sido lo correcto. Todavía le quedaba algo de dinero. Y a pesar de lo que Jonas Stark pudiera decir o pensar, esta nave era especial. Gruber podía notarlo. Y lo que era todavía más importante, Gruber sabía una cosa de la que el capitán no estaba enterado. Gruber sabía cuáles eran las especificaciones técnicas de esta nave.
Y Gruber sabía lo del medallón.
* * *

Habían encontrado la nave dos meses antes. Estaba en órbita alrededor de un asteroide especialmente grande. En un sistema estelar especialmente lejano. Gruber no participó en la planificación de las operaciones que la compañía de recuperación había realizado (él formaba parte del personal técnico) por lo que no sabía exactamente cuál era la razón por la que se habían alejado tanto de sus zonas de operaciones habituales. Había oído rumores acerca de unas operaciones de alto secreto que la UEE estaba llevando a cabo contra los xi’an. Tal vez el capitán había pensado que aquí tendrían alguna oportunidad de encontrar restos de equipo militar. Siempre pagaban bien. Pero al final, lo que hallaron fue unos cuantos yacimientos de minerales bastante irrisorios y una Cutlass.La nave había sido víctima de uno de esos extraños accidentes en el espacio: un meteoro había chocado contra la carlinga y la nave se había despresurizado al instante. El propietario no llevaba puesto un traje de presión en ese momento; a Gruber le habían dicho que los resultados no habían sido agradables a la vista, aunque él no había tenido ocasión de ver el cadáver. Gruber había formado parte del personal que acudió para efectuar las reparaciones sobre el terreno y poner en funcionamiento la nave. Llevaba a bordo apenas unos cuantos minutos, cuando ya había empezado a sentir la extraña sospecha de que en esa nave había algo raro. Tenía la sensación de que algo estaba mal. Los otros dos miembros del equipo de reparaciones decidieron que Gruber sencillamente estaba siendo supersticioso; al fin y al cabo, alguien había muerto a bordo de esa nave.

Pero no se trataba de eso. Gruber era uno de los que podrían llamarse “expertos” de la compañía en naves de la Drake. Cuando había entrado en la Cutlass por el anillo de atraque y echado un vistazo a su interior, una idea había empezado a rondarle la cabeza. Como casi todas las demás naves clase Cutlass, ésta había sido modificada por su propietario. La bodega ya ni tan siquiera servía para transportar carga; era más bien un pequeño espacio de vivienda. Seguía estando atestada, pero quien quiera que la hubiera reacondicionado, lo había hecho con cierta preocupación por la comodidad. No fue hasta que hubieron remolcado la nave de vuelta que Gruber se dio por fin cuenta de qué era lo que le había estado preocupando. Las paredes de la bodega de carga eran redondeadas. Muy redondeadas. Pero Gruber sabía que las Cutlass no se fabricaban con esa forma. Los demás miembros de su equipo le señalaron en seguida que la nave había sido modificada y reparada varias veces; todos los indicios de eso eran más que evidentes. Gruber no les quitaba razón, pero tampoco logró convencerles de que en esa nave había algo más que simples modificaciones. La nave había sido fabricada con una bodega redondeada. Sabía lo suficiente de ingeniería astromecánica como para darse cuenta de que modificar el casco para que tuviera esa forma habría supuesto una alteración completa del diseño de la nave.

Interior-de-nave-Cutlass-Relatos-escritos

Gruber empezó a tomar las medidas de la nave, fijándose en las sutiles diferencias en el diseño de las aletas delanteras, en cómo el tren de aterrizaje parecía plegarse por debajo de la nave en vez de hacia su interior. Todos los demás seguían burlándose; no era más que una Cutlass modificada, no el descubrimiento del milenio. Había estado a punto de convencerse a sí mismo de que no se trataba de nada más que una Cutlass modificada. Gruber siempre había sido un tecnófilo; siempre le emocionaba aprender cualquier dato nuevo sobre una nave. Suponía que había adquirido esa afición durante el tiempo que pasó en la Armada. Conocer una nave hasta su más mínimo detalle podía permitir descubrir en problema mientras todavía estaba en la cubierta de vuelo y antes de que provocara tu muerte en el espacio. Pero cuando encontró el medallón, su actitud dejó de ser simple curiosidad técnica.

Había estado siguiendo el recorrido de unos cables de distribución de energía (de los que no había duda alguna de que no seguían la configuración habitual) hasta que descubrió la instalación de una caja de empalmes que no tenía conectado ningún cable. Cuando abrió la caja de empalmes, encontró en su interior un pequeño medallón dorado que colgaba de una fina cadena. Lo cogió; su peso ya bastaba para indicarle que era de oro. Cuando abrió el medallón, vio en su interior una pequeña inscripción: “Por los sueños incumplidos y los sueños alcanzados “. Éste no era una objeto que alguien hubiera perdido o extraviado. Alguien lo había puesto dentro de la caja de empalmes deliberadamente. Lo habían guardado allí por alguna razón. Gruber apretó con fuerza el medallón que sostenía en la mano. Durante su carrera en la Armada, había sido oficial de intercepción del radar a bordo de bombarderos clase Gladiator. Había visto pequeños amuletos de buena suerte como éste. Cosas que el personal de vuelo añadía a las naves, totalmente en contra de las regulaciones, evidentemente. Los astronautas podían llegar a ser muy supersticiosos. Los amuletos de buena suerte acababan apareciendo en el interior de carlingas, compartimentos de bombas y puestos de artillero. El compañero de Gruber, el teniente John Velnova, había tenido una pequeña estatua toscamente esculpida de un gato colgada del interfaz de babor. El hijo de John la había esculpido para su padre, y el piloto solía hablar con frecuencia acerca de como el amuleto pasaría a ser una reliquia familiar cuando él estuviera de vuelta en casa. Gruber tenía su propio amuleto de buena suerte, cierto holograma de excelente calidad pero dudoso gusto de una actriz popular. Durante su última campaña, ninguno de los amuletos demostró dar buena suerte cuando su bombardero fue volado en pedazos. La única diferencia fue que Gruber se pasó unos días recibiendo tratamiento médico y luego lo enviaron de vuelta a casa, mientras que Velnova jamás se recuperó de sus heridas. A Gruber no le gustaba recordar esos días, lo poco que se acordaba de ellos. Bajó la mirada hasta su puño cerrado. En ese preciso instante, Gruber se hizo a sí mismo la promesa de que este amuleto sí que volvería a casa.
* * *

Se sentó en la carlinga de su recién adquirida Cutlass. Llevaba varios días discurriendo cuál podría ser su mejor curso de acción. Mientras permanecía allí sentado, jugueteó con los controles, mirando con nerviosismo las lecturas. No le apetecía en absoluto tener que ponerse en contacto con Michaels, pero tampoco se le ocurrían muchas alternativas. Si quería averiguar más cosas sobre la procedencia de la nave, Michaels sería quien podría decírselo. Gruber encendió la unidad de comunicaciones y llamó al Servicio de Aduanas de la UEE. Trató de esbozar una sonrisa cuando el rostro de Michaels apareció en la pantalla.–¡Oskar! Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo estás?

–Estoy bien, Serge. ¿Qué tal te va la vida de inspector?

–Oh, igual que siempre. Informes aburridos seguidos de emocionantes acciones de abordaje –se rió Michaels–. He oído que estás empezando una nueva profesión.

Gruber hizo una mueca.

–¿Stark te lo ha contado?

–Bueno, puede que haya mencionado algo acerca de que te has comprado una nave. Y que después dimitiste. Creo que pudo haber usado las palabrasdemente, obsesionado y rematadamente estúpido.

–Bueno, no compartimos exactamente la misma opinión en lo que respecta a mis decisiones de carrera.

–Ya lo había supuesto. Y hablando de suponer cosas, apuesto a que me has llamado para pedirme un favor.

–Necesito cierta información sobre la historia de la nave que he comprado. El anterior propietario se llamaba Gregori Zharkov. Estaba registrado en Quinton; tengo los números de registro y los códigos de identificación de la nave.

–Oskar, sabes que si te diera alguna información sobre este tema podría considerarse una violación de la confidencialidad.

–El propietario está muerto, Serge. Sólo estoy… tratando de establecer la legitimidad de mi compra. Ya sabes… asegurarme de que no fue robada. O lo que sea.

–¿Seguro que esto no tiene nada que ver con alguna idea loca acerca de que esta nave es algo extraordinario? Stark no dejaba de decir que tú no habías dejado de incordiarle a él y al resto de la tripulación con ciertas ideas descabelladas acerca de que la nave no era normal.

–Maldita sea, Serge, no estoy loco. Hay algo diferente en esta nave. Sólo quiero averiguar más cosas de ella.

–¿Diferente? ¿Qué quieres decir con diferente? ¿Qué has encontrado?

–Bueno… El anillo de atraque, por ejemplo.

–¿El anillo de atraque no es normal?

–Está cinco centímetros descentrado respecto al eje central de la nave.

El rostro de Michaels mostró incredulidad.

–¿Y es por cosas como esa por lo que estás armando tanto jaleo?

Gruber pensó en si tratar de explicarle que las naves clase Cutlass se fabricaban en masa; el proceso de manufactura era siempre el mismo. Reconfigurar la forma del casco para permitir cambiar la ubicación del anillo de atraque era una empresa de gran envergadura. Pero a Michaels no le iban a importar en lo más mínimo este tipo de detalles. A Gruber le pasó por la cabeza la idea de mencionarle el medallón, pero la desechó con la misma rapidez con que se le había ocurrido. Prefería que Michaels pensara que estaba obsesionado a empezar una discusión.

–Mira, Serge, sólo te pido que me hagas un sencillo favor. ¿Vas a ayudarme o no?

Michaels exhaló un suspiro.

–Si no fuéramos parientes, ya habría dado esta llamada por terminada.

El rostro de Gruber se iluminó

–Pero somos parientes –dijo sonriendo.

–Envíame los datos que tienes sobre la nave y dame unos cuantos días. Veré lo que puedo averiguar. Y me deberás una.

–Lo sé. Te lo agradezco.

–Y llama a tu tía cuando sea su aniversario. Estoy harto de oírla quejándose.

–Lo haré.

Gruber se echó hacia atrás en la silla del piloto mientras la unidad de comunicaciones se apagaba. Tras un corto lapso de tiempo, se levantó y salió de la carlinga para dirigirse hacia la bodega de carga. Pensó en qué necesitaría enviarle a Serge; probablemente lo mejor iba a ser limitarse a enviar la información de registro que la compañía de recuperación había logrado encontrar sobre la nave y su anterior propietario. No era gran cosa, pero Gruber sabía que bastaría para darle a Serge un rastro que pudiera seguir. Serge era muy bueno a la hora de encontrar información; después de todo, su trabajo consistía en seguirle el rastro a naves y cargamentos.

Gruber pensó en lo que sabía sobre la nave. No era mucho, pero conocía unos cuantos detalles. El informe de la operación de recuperación la clasificaba como una “nave de exploración”, pero eso no era estrictamente cierto. Oh, sí, había sido reacondicionada para emprender largos viajes por el espacio. El motor de salto era claramente una modificación postventa. A la torreta superior se le habían retirado todas las armas y sustituido por un conjunto de sensores bastante sofisticado. Pero Gruber se había leído el cuaderno de bitácora del anterior capitán. Sabía que estas modificaciones eran algo más que ayudas para la exploración. Gruber caminó hasta un pequeño terminal de trabajo que había sido instalado en el lado de babor de la bodega de carga. Puso en pantalla él cuaderno de bitácora y volvió a leer una de las entradas.

Xander cree que estoy loco, pero aun así me permitió que le comprara su parte de la compañía. Sinceramente, llegados a este punto no me importa lo que Xander o cualquier otro puedan pensar. Llevo mucho tiempo trasteando las entrañas de este trasto. El último reequipamiento está completo. Según mis cálculos, a partir de ahora voy a poder estar ahí fuera durante casi un año entero sin tener que volver a atracar en ningún sitio si no me apetece. Con las ganancias de los derechos sobre los yacimientos minerales de ese cinturón de asteroides, y los honorarios por el descubrimiento de esa anomalía, el dinero no va a ser ningún problema. Creo que eso es lo que más asusta a Xander respecto a toda esta idea. Él todavía es joven, tiene ganas de fortuna y gloria. Yo ya no lo soy. Sólo quiero alejarme de todo. He cambiado los estatutos de la compañía. Técnicamente, ahora se trata de una empresa de exploración mercantil. Pero todo el mundo sabe que la exploración no es realmente el objetivo. Sólo quiero alejarme de todo. Quiero volver a saborear la libertad.

Eso es lo que esta nave representa para mí: libertad. No tengo que ir a ningún sitio al que no me apetezca ir; ni siquiera necesito salir de la nave. Ya sé que las condiciones de vida no van a ser precisamente las más cómodas, pero he visto cómo son los bloques de viviendas que tienen en algunos de esos planetas fronterizos. Las condiciones de vida que tengo a bordo parecen un paraíso comparadas con las de algunos de los lugares donde la gente se las apaña para sobrevivir. Es mejor que viaje solo. Creo que podría conseguir que el soporte vital fuera capaz de mantener a dos personas viviendo a bordo, pero, ¿quién me acompañaría? Xander seguro que no. Incluso aunque dispusiera de espacio, no me gustaría tenerlo aquí. Hemos hecho tantas rutas de transporte de carga juntos que la idea de tener que pasarme meses enteros atrapado con él dentro de una misma nave sería suficiente para volverme loco de verdad.

Gruber comprendía los sentimientos de Zharkov. Utilizando el terminal fue reuniendo toda la información que le parecía que podría resultar útil para averiguar la historia de la nave y se la envió a Michaels. Mientras estaba sentado frente al terminal, Gruber empezó a notar de nuevo esa sensación de que algo no encajaba. Se quedó varios minutos contemplando el interior de la bodega de carga y luego cogió un tablero de datos y un medidor láser. Caminó lentamente por la bodega en dirección hacia la carlinga y se detuvo ante la puerta del mamparo. Hizo unas cuantas mediciones y luego añadió un comentario a la lista que mostraba el tablero de datos. “El asiento de babor está unos 50 centímetros más alejado de la compuerta de carga”. Asintió para sí mismo y regresó al terminal. Lo más probable es que se estuviera obsesionando por minucias, pero servía para mantener su mente ocupada.

Gruber había hecho una búsqueda en la computadora y el cuaderno de bitácora de la nave. En el ordenador no había podido encontrar mención alguna al medallón. El cuaderno de bitácora tampoco le había revelado dónde había adquirido la nave Gregori Zharkov. Pero había algunas pistas acerca de lo que Zharkov había hecho para modificarla. A medida que Gruber seguía leyendo entrada tras entrada, una de las primeras le llamó la atención.

Cuando compré esta nave, ya sabía que carecía de armas. Eso no me representaba ningún problema; de todas formas, no estoy entrenado en el manejo de armas pesadas. Pero diría que en el pasado estaba equipada con cacharrería bastante potente. Alguien le metió mano y le desinstaló todo; y lo hicieron de forma bastante rápida y descuidada. Las cápsulas de armamento delanteras muestran unas líneas de corte bastante chapuceras donde se retiraron los puntos de montura. Y voy a tener que hacer reconstruir todo el montaje de la torreta superior. Cortaron todos los cables de alimentación que llevaban a ella y creo que el sistema de control está bastante cascado. Ahora que pienso en ello, se me ocurre una idea. El sistema de maniobra sigue intacto y funcional. Y además es un sistema bastante bueno; el poco rato que pude pilotarla ya me lo dejó bien claro. Me pregunto si podría conseguir uno de esos nuevos conjuntos de sensores AS. Se supone que son bastante compactos. Podría instalar en la torreta la cápsula de sensores en vez de armas. Aprovechar la maniobrabilidad de la nave para ponerla en posición para escanear. Y aprovecharla también para salir pitando si los escáneres me muestran algo que no me gusta. Me llevará algún tiempo instalarlo todo, entre las dos siguientes rutas y esa excavación que tenemos previsto hacer en Odín. Pero es sin lugar a dudas una opción a tener en cuenta.
Conozco a un montón de gente que no tiene muy buena opinión de las Cutlass. Demonios, la compré porque era barata y podría utilizarla como piezas de repuesto si todo lo demás iba mal. Pero ahora que he tenido la oportunidad de trabajar en ella, creo que hasta ahora sólo había oído las cosas malas. Es cierto que no es ninguna belleza, ni tampoco tecnología ultramoderna. La han desguazado, ha sufrido daños y no ha recibido el mantenimiento necesario. Pero sigue pudiendo volar por el espacio. Eso dice mucho de una nave capaz de sufrir este tipo de abuso y abandono y seguir adelante. Una nave capaz de encajar todo este castigo es una nave en la que puedes confiar cuando sólo estás tú y el vacío. Creó que iré a visitar a Ravvie en los astilleros. Hace mucho tiempo que él y yo no tenemos una buena charla. A lo mejor ese plan que yo tenía de utilizar una Lancer va a tener que sufrir unos cambios.

Gruber trató de imaginar el estado que tendría la nave cuando Zharkov se la encontró por vez primera. Las entradas del cuaderno de bitácora le daban una buena imagen del aspecto que tendría: prácticamente desguazada, reducida a poco más que el fuselaje. Fuera lo que fuera lo que le había sucedido, se habían asegurado de quitarle todas las piezas aprovechables. Gruber paseó la mirada por la bodega. Se levantó y empezó a caminar en dirección a la carlinga. Luego se lo pensó mejor y dio la vuelta para encaminarse hacia la popa de la nave, bajar la rampa de carga y salir al exterior. Empezó a dar vueltas en torno a la nave. Mientras caminaba, iba pensando en las anotaciones escritas en el diario. Podía ver algunas de las señales de soldaduras y cortes en los sitios donde los sistemas de la nave habían sido reconstruidos, pero en términos generales, Zharkov había realizado un trabajo excelente a la hora de reparar la nave. No podía decirse en modo alguno que acababa de salir de la fábrica, pero a decir verdad, la mayoría de las Cutlass no duraban más de un mes sin que se las modificara para alguna tarea concreta. Eso era parte del atractivo de la nave, que la propia Drake Interplanetary se encargaba de fomentar. Bueno, eso y el precio, se dijo Gruber para sus adentros. Mientras seguía trazando círculos alrededor de la nave, alzó la mano y empezó a recorrer el fuselaje exterior del casco. Era una buena nave, sin importar lo que Stark o Michaels pudieran pensar, o cualquier otra persona para ese caso; él sabía que era especial.Gruber se pasó los dos días siguientes esperando a que Michaels se pusiera en contacto con él. Se quedó en la nave durante todo ese tiempo, paseando por su interior, asegurándose de que podría viajar por el espacio. A decir verdad, no podía dejar de pensar en los diarios de Zharkov. El interior de la Outbound Light era pequeño y atestado, pero también era cómodo. Su propio apartamento, un pequeño piso de dos habitaciones en mitad de un conjunto de viviendas cerca del espaciopuerto, era mucho menos espléndido. Quedándose a bordo de la nave se sentía más “en casa” que en su propio hogar.

Mientras esperaba la llamada, pasó más tiempo leyendo el diario. La mayor parte de él era bastante aburrida; entradas sobre planificación de rutas, datos de barridos con sensores, algo de información sobre recargas de combustible o suministros. En algunas ocasiones, no obstante, Zharkov había escrito algo más que frases cortas. Gruber halló otra entrada que despertó su interés.

El motor cuántico es pura chatarra. Ravvie ló revisó. Dice que no vale nada, y yo estoy de acuerdo. Parece que ni tan siquiera era gran cosa cuando funcionaba. Sinceramente, casi parece que le faltaba potencia para la nave en que está instalado. Lo que está claro es que no podía usarse para viajes largos. Ravvie me ha dicho que no es el motor que viene de serie. Pero sea el que sea, tiene que cambiarse por otro. Si sigo con este descabellado plan mío, tendré que cerciorarme de que los motores son más adecuados para mis fines. No sirve de nada tratar de ser un explorador si no puedes viajar más allá de los lugares que todo el mundo ya conoce. Me llevará algo de trabajo, y probablemente también una buena cantidad de dinero, pero creo la nave podrá tener capacidad de salto dentro de seis meses. Quizás más tiempo. Depende de cómo fluctúe el mercado en las próximas semanas.

A pesar de todo, cuanto más tiempo me paso trabajando en la nave, mejor me siento. Llevaba mucho tiempo sin sentirme tan bien. Es estupendo poder tener en tus manos algo con semejante potencial y ver como ese potencial se hace realidad. Xander comentó que se pensaba que yo iba a comprar una Freelancer. No me he molestado en corregirle. No hay ninguna duda de que me vendría con mil razones por las que es una mala idea reequipar una Cutlass para este tipo de trabajo. Ya hizo exactamente lo mismo cuando le mencioné la Freelancer. Estoy seguro de que si pudiera entregarle las llaves de su propia Idris, todo lo que haría sería quejarse de las tasas de atraque.

Aun así, lo del motor cuántico es bastante raro. No estoy seguro de cuál puede ser la causa de semejante sobrecarga. Incluso aunque le hubiera faltado algo de potencia, no tendría que haberse fundido como lo hizo. Y tratar de encontrar un repuesto parece cada vez más difícil. Sé que a lo largo de los años se han fabricado unas cuantas variantes de Cutlass, pero parece que sea imposible averiguar cuál es exactamente de qué modelo es la mía. Sus especificaciones no coinciden con los datos que la Drake publica, y las Guías Thorn tampoco me han sido de mucha ayuda. Pero en cualquier caso, este vieja dama debe haber pasado por un montón de cosas. De eso me doy cuenta con sólo mirarlo. Tiene modificaciones por todas partes. Supongo que en realidad tampoco importa cuáles eran sus especificaciones originales. Ahora es mi nave, y conseguiré que funcione de fábula. Y necesitará un nombre. Un buen nombre. Algo digno del sueño de un vejestorio.

Gruber deseó haber podido tener la oportunidad de hablar con Zharkov sobre la nave. En cierto modo, leer los diarios del difunto le daba a Gruber cierta idea de cómo pensaba y cuál había sido carácter. Pero no se podía comparar con poder sentarse a charlar con él cara a cara. La investigación que Gruber había realizado en los sistemas de la nave le había mostrado que todos los daños que pudieran haber estado presentes en ese momento habían sido totalmente reparados. Gruber sabía que el motor de salto ahora era plenamente funcional; lo habían utilizado para traer la nave de vuelta. La torreta de sensores lo más probable es que ahora funcionara igual de bien. De hecho, el único problema que había tenido la nave eran los daños en la carlinga. El personal de reparaciones de la compañía de recuperación se había encargado de arreglar eso, aunque lo habían hecho del modo más barato posible para maximizar los beneficios de su venta. Gruber se sintió mejor al enterarse de que Zharkov también se había percatado de las discrepancias en su nave, aunque el anterior propietario no les había otorgado el mismo nivel de importancia que él.

En la mañana de su tercer día de espera, Michaels se puso en contacto con Gruber.

–Oskar, tengo algo de información sobre esa nave tuya –mientras hablaba, el rostro de Michael parecía preocupado–. Pero no estoy seguro de si es tan buena idea seguir investigando.

–¿Por qué? –preguntó Gruber–. ¿Qué has encontrado?

Michaels soltó un suspiro.

–Bueno, la nave fue registrada, como tú has dicho, en Quinton. Zharkov parece que era el único propietario de una pequeña empresa, y la nave era una de sus propiedades. Normalmente la posesión de la nave revertiría a la compañía. Pero Stark conoce bastante bien la ley del almirantazgo. Su reclamación como material recuperado fue cumplimentada a la perfección, por lo que tomar posesión de la nave y venderla fue algo completamente legal. Puesto que no puedo encontrar ninguna mención a algún familiar de Zharkov, o algún socio en su compañía, parece que es tuya sin ninguna duda.

Gruber parecía impaciente.

–Sí, todo eso ya lo sé. ¿Pero cuál era la procedencia de la nave?

Michaels volvió a suspirar.

–Seguí su rastro hasta un almacén de la UEE de material incautado. Todo parece indicar que Zharkov la adquirió como material recuperado por la Fiscalía.

Gruber pasó de estar impaciente a sentirse confuso.

–Pero la Fiscalía no utiliza naves de la compañía Drake.

–Ya lo sé. Se apoderaron de ella durante una redada.

–¿Una redada? ¿Una redada contra quién? ¿O contra qué?

–Parece ser que la Fiscalía la obtuvo de una banda de piratas con bastante mala fama llamada los Redjack Dragoons. No me preguntes de dónde viene el nombre. Hace unos cuantos años eran una panda bastante infame; causaron todo tipo de problemas a las fuerzas de la Fiscalía en el territorio donde actuaban. Pero la mayoría de ellos están ahora muertos o van de por libre. Tratar de averiguar la historia de una nave que ha estado en manos de piratas es casi imposible. Cambian los nombres y registros de sus naves con tanta frecuencia que la mitad de ellas son en realidad ficticias. Es inútil tratar de averiguar más cosas.

El rostro de Gruber mostraba desesperanza.

–Pero tiene que haber alguna pista que poder seguir, ¿no? Quiero decir que, aunque ahora estén muertos o actuando en solitario, alguno de esos piratas tuvo que ser interrogado. Habrá informes, o cosas de las que habrá alardeado, o algo parecido.

Michaels meneó la cabeza.

–El único que fue sometido a algún tipo de interrogatorio es James Quister. Da la casualidad de que era el líder de la jauría; la Fiscalía tuvo que esforzarse al máximo para atraparlo con vida. Ahora está pudriéndose en una prisión en Lorona. Nadie le preguntó por la nave cuando lo capturaron, y no creo que haya nadie en la Fiscalía al que vaya a importarle una Cutlass –Michael hizo una mueca de diversión –con un anillo de atraque inusual.

Gruber clavó la mirada en la pantalla de comunicaciones.

–Si hay alguien que pueda saber cómo consiguieron los piratas esa nave, tiene que ser el alfa de la manada –Gruber volvió a pensar en los comentarios escritos por Zharkov en su diario–. Y seguro que se acuerda de esta nave. Estoy seguro de que se acordará. Todo lo que hace falta es que alguien vaya a preguntarle.

Michaels se quedó atónito.

–¿Preguntarle? No tengo ninguna influencia con la Fiscalía. Y Quister no va a admitir nada que pueda implicarle en más crímenes. Oskar, la nave es tuya, no hay ninguna duda al respecto. Olvídate de todo el asunto.

Gruber apartó la mirada de la pantalla y estudió la carlinga de la Outbound Light.

–Bueno, ahora tengo una nave,. Supongo que tendré que ir a preguntárselo personalmente.

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