El publicista. Capítulo I: Astronius

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El «Moon River» era el bar más sucio del centro de la ciudad. En la televisión siempre encendida, la última basura que según los grandes dueños de las cadenas quería su audiencia. Todo se veía en medio de una neblina porque el ambiente estaba cargado de la humedad que salía del baño. Un tugurio digno para la ocasión.

—Ponme otra, Luis.

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Jorge estaba apoyado sobre la barra. Celebrando el éxito desde el anonimato. Su trabajo lo exigía.

Una mujer de una edad indefinida entre los treinta y los cincuenta años se sentó a su lado. Apoyó una botella de cerveza medio llena al lado de la copa de Jorge. Lo miró con la cabeza ladeada, luego miró a su vaso cargado de tequila.

—Pareces triste y contento a la vez.

—Hola.

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—Si… Hola. Digo que pareces triste y contento a la vez.

—Será porque lo estoy. Hoy ha sido un gran día.

—¿Si? ¿Y por qué no me lo cuentas?

—No te conozco.

—Tal vez sea un buen momento. Los dos estamos aquí, sentados en un bar maloliente y sin mucho más que hacer que mirar un vaso de alcóhol. No seas desagradable porque no voy a darte una segunda oportunidad.

—Tampoco te he pedido la primera, Beatriz.

La mujer enarcó las cejas en signo de enfado.

—El trato incluía que fuéramos desconocidos.

—Está bien, está bien, volveré a empezar. —Jorge hundió sus hombros y tomó aire con resignación— Íbamos por hola o algo así.

—Algo así. Empieza que me estoy aburriendo.

—Pues estoy triste y contento a la vez «completa desconocida» porque hoy ha sido el día en que he terminado un gran proyecto publicitario.

—¡No me digas que eres publicista!

Beatriz puso cara de sorpresa. Sus ojos chispearon.

—Soy vendedor de humo. He roto otra barrera del espacio-tiempo y he viajado más allá de las estrellas.

—Me pierdo. Pon los pies en el suelo, a veces me cuesta seguirte.

—Pensaba que éramos perfectos desconocidos.

—Como sigas por ahí lo seremos. Ibas por la parte en la que me dejas alucinada por tu último éxito.

—He creado un anuncio para jóvenes que ha llegado a las personas de todas las edades. He creado lo que conocemos como un viral.

—Suena a enfermedad.

—Porque lo es. Por eso estoy triste. Soy el monstruo que hace que el mundo enferme de consumismo. Vendo libertad a los jóvenes, seguridad a los mayores y optimismo ante la ilusión de una vida mejor a los de en medio. Soy un maestro del engaño.

—Me aburro. Tanta trascendencia en un bar de mierda me vacía de orgullo y satisfacción. Haz que moje las bragas y luego vamos a celebrarlo a mi casa. Joder, tan buen vendedor no debes de ser si tengo que suplicarte esto.

—O puede que si, si ya estás suplicando. —Jorge sonrió por primera vez. Aunque Beatriz aun no había conseguido que la mirara.— ¿Conoces a «Astronius»?

—No, no. ¡Sorpréndeme! —De nuevo la actriz mostrando sorpresa.

—Es un chiquillo que por alguna razón le encanta a un público que ronda entre los catorce y los treinta años y se dedica a colgar vídeos jugando a videojuegos o haciendo bromas a otras personas. Habla de manera descarnada y tiene una inteligencia digna de un desheredado de la naturaleza. Los más adultos no lo admitirán, pero lo ven. Es como el porno. Les gusta, aunque les hace sentirse avergonzados. Personalmente creo que se debe a su sinceridad. En internet la sinceridad brutal triunfa y «Astronius», a pesar de sus defectos, se muestra tal y como es.

—Ajá, ajá.

Luis, el camarero sonrió ante la escena. Jorge volvió a hablar. Su voz sonaba más potente que al principio de la conversación. Empezaba a ilusionarse de nuevo.

—Pues si has visto el telediario últimamente …

—No, no veo el telediario, me gusta que me cuenten la historia como si no supiera nada. —Beatriz arqueó de nuevo las cejas.— Quiero que me cuentes la historia completa.

—Vale, pues hace dos semanas todos los telediarios obviaron las noticias de interés para contar una primicia. Se volvieron locos. Todos querían mostrar más información que el resto de las cadenas y antes que los demás. «Astronius» había sido raptado mientras grababa en directo uno de sus vídeos. Estaba gritando a su web cam cuando dos hombres enmascarados le golpearon en la nuca tirándolo al suelo. Lo amordazadon en el suelo, mientras que la gente que miraba a través de sus ordenadores la escena se mordía las uñas. Pasaron sólo unos segundos, pero para todos esos millones de personas de todas las edades fue una eternidad. Le susurraron algo al oido. Cuando volvieron a sentarlo en la silla «Astronius» tenía la cara llena de sangre y una mordaza en la boca. Uno de los hombres le sujetaba la nuca obligándole a mirar a la web cam con los ojos llorosos. Señaló a su audiencia y gruñó. Sólo gruñó.

—Es aterrador.

—Los telediarios se relamieron. Antes de que ningún policía llegara a la escena del crimen, ya había periodistas extrayendo conclusiones. Atacaron a la inmigración, al paro, a internet, a la juventud, al exceso de libertad y a todo lo que se les pasó por la cabeza.

—¿A la inmigración?

—El hombre que señaló a la cámara tenía un tatuaje con el águila de Kosovo. Algunos periodistas asumieron que era de Europa del Este, ya sabes, esa zona de aquí al lado que engloba a un montón de países de los que no sabemos nada. La verdad es Francisco que así se llama el legionario que contraté, se hizo el tatuaje porque lo vio en una revista.

El camarero miró a Jorge como si le hubieran revelado la comprensión del concepto de la Santísima Trinidad. Beatriz le sonrió.

—¡Sorpresa Luis! ¿A que no te imaginabas que anuncio ha hecho el genio de mi marido?

—¿Has hecho algo ilegal Jorge? —Luis cogió el teléfono y se dispuso a marcar el número de la policía.

—He hecho un anuncio amigo. Bea, me parece que vamos a tener que dejar la pantomima de hacernos pasar por desconocidos para terminar echando un polvo.

—Jo, empezabas a volverte interesante.

—Cuelga el teléfono Luis. Si no lo haces, no vas a poder escuchar la historia completa. Aunque lo vas a conocer porque en veinte minutos se va a desvelar a través de todas las televisiones.

El camarero conocía a la pareja desde hacía años. Venían a su bar todos los días cuando terminaban de trabajar, hacia las diez u once de la noche. El matrimonio tenía su estudio publicitario en el tercer piso del edificio de enfrente. Nunca había notado nada extraño en ellos, exceptuando que eran unos adictos al trabajo.

Colgó el teléfono y se acercó con cautela.

—¡PUM! —Jorge hizo el amago de dispararlo con su mano mientras sonreía.

—¡Me cago en tu puta madre! —El camarero bajó la cabeza y se arrastró por la barra susurrando— ¿Qué cojones habéis hecho?

—Un anuncio. Uno de nuestros mejores trabajos. —Le respondió Beatriz.

—El caso, es que los secuestradores le dijeron a «Astronius» que debía decir esto:

«ME HAN RAPTADO. VOLVERÉIS A SABER DE MI EL MARTES A LAS ONCE DE LA NOCHE EN LA CALLE URÍA DE OVIEDO. HASTA ENTONCES POR FAVOR, NO SAQUÉIS CONCLUSIONES DESAFORTUNADAS»

Beatriz y Jorge gritaron a la vez lo que había dicho el youtuber.

—¿Puedes ir al grano? ¿Qué habéis hecho?

—Ya te lo ha dicho Bea, un anuncio. Yo estaba al otro lado de la web cam dando indicaciones a «Astronius» y a los dos presuntos secuestradores.

—¿Y la policía? —El camarero tenía los ojos totalmente abiertos.— Simular un secuestro está penado con la cárcel.

—La única publicidad efectiva es de la que habla todo el mundo. Por eso hay que transgredir un poco las normas. —Jorge terminó de un trago su bebida.— Ponme otra y terminamos la historia.

—Así no se te va a levantar.

Beatriz acariciaba su botella. Luis volvó la botella de tequila en el vaso y lo llenó hasta derramar parte del líquido por la barra.

—Termina la historia.

Jorge miró a los ojos a Luis. Permaneció serio varios segundos hasta que finalmente tomó aire y volvió a sonreir.

—Como sabrás el periodismo de hoy en día ha degenerado hasta el punto de que usan la palabra «presunto» para gente que ya ha sido condenada y a la vez condenan mediáticamente a todo el mundo antes de tener ninguna prueba. —El camarero asintió.— La policía española es uno de los mejores cuerpos de seguridad de este planeta y está un poco harto de esta situación. El cuarto poder, el periodismo, cuenta hechos que no han pasado, tergiversan la realidad o muestran pruebas que hacen que toda la investigación policial se quede en aguas de borrajas. Por cierto, ¿sabéis de donde viene la expresión aguas de borrajas?

—Al grano Jorge, que Luis se nos pone nervioso. —Beatriz estaba acostumbrada a que su marido hablara de varias cosas inconexas a la vez, pero este no era el momento.

—Vale, vale. Pues el Cuerpo Nacional de Policía nos encargó un anuncio. Tienes que saber que antes de empezar a trabajar con alguien, nos comportamos como sicólogos argentinos. Sentamos al cliente en un sillón y le vamos haciendo preguntas para que él nos hable sobre sus problemas y sus virtudes. Así descubrimos qué necesidades tiene.

Luis miró en todas direcciones. No quería que entrara nadie en el bar ahora.

—Tranquilo, que no hemos hecho nada ilegal…

—Vino a nuestro despacho un representante de la policía del cual no podemos decirte el nombre o tendríamos que matarte —Interrumpió Beatriz. La mujer no permitió que el camarero tuviera tiempo de saber si bromeaba o no.— Cuando hablamos con él, vimos que la mayor necesidad de comunicación que tenía la policía ahora mismo no era twitter, ni que la gente conociera el teléfono de ayuda contra el maltrato. Su mayor es que los periodistas sepan que deben de colaborar con la policía en las investigaciones y no inventarse o desvelar más de lo que deberían porque así es como se les van al garete las grandes investigaciones. El narco o el asesino, se entera por el periódico y la televisión cuándo van a ir a por ellos o si están siendo investigados. Huyen antes de poder hacer nada. Y cuando son políticos la cosa es peor.

El camarero movió las manos nervioso. Apenas podía articular palabra. Jorge levantó la mano derecha con la palma extendido para frenarlo.

—Tranquilízate un poco y deja que terminemos de contarte la historia. —Bebió otro trago de tequila. Tenía los pómulos sonrosados.—El representante de la policía estaba a mi lado cuando grabamos el vídeo. Bajo la mesa en donde «Astronius» había sido «presuntamente golpeado» —Jorge se rio recordando el uso que daban a esta expresión los medios de comunicación.— había una maquilladora que se encargó de que pareciera que le habían dado una paliza. «Astronius» resultó ser un chaval más inteligente de lo que parecía y entendió rápidamente por qué estábamos haciendo eso. Nunca había aceptado hacer ningún anuncio y nos dijo que no volverá a hacerlo para nadie. Pero era necesario dar un golpe sobre la mesa y hacer entender a los periodistas que un mal desempeño de su oficio afecta a toda la sociedad.

—Así que subisteis el vídeo de un rapto falso a internet con el consentimiento de la policía. —El camarero puso su cara más agria.

—No. La policía avisó a todos los medios de comunicación que se trataba de un vídeo del cual no podían comunicar ningún avance de la investigación, pero que todo apuntaba a que era falso.

—Todos los medios decidieron lo contrario tras ver el tatuaje del águila. —Beatriz chocó la cerveza con el vaso de tequila y echó un trago.— Si no llega a ser por ese dibujito en el brazo del legionario, no le hubieran dado mayor importancia. Fue una suerte.

—Los políticos como bien sabes también decidieron repartir su ración de odio al inmigrante para promover su programa de cara a las próximas elecciones. Así demostraban que la violencia desencadenada en las fronteras tenía un motivo. Todo esto a pesar de que la policía les pasaba los informes que decían que efectivamente era falso.

—Eso no tiene sentido. —Dijo el camarero. Un político que sabe que es algo es falso, no mentiría. Le acabaría explotando en la cara y lo sabe.

—Un político no miente, te cuenta verdades a medias. Somos el pais con mayor número de casos de corrupción del planeta. Los políticos actuales no son los mejores. El Ministro de Interior dijo que se trataban de «hechos por aclarar» y al momento se cortaba la declaración en todos los medios para pasar a hablar del problema de la inmigración. ¿Recuerdas?

—Si. Pero nunca llegaron a aclararlo.

—Claro. La policía como te he dicho estaba harta, así que les mandó informes en donde ponían que la investigación aun estaba en curso. Nadie se arriesgó a dar el caso por cerrado. Pero si a sacar conclusiones precipitadas.

La pantalla del televisor cambió por completo. Sólo mostraba una larga calle con edificios de aspecto antiguo a ambos lados. Terminaba en un parque a su izquierda. Era Oviedo. El lugar donde se iba a conocer el desenlace del secuestro. La vez melodramática de un periodista anunciaba que según sus últimas informaciones «Astronius» podría estar muerto porque no se habían cumplidos las exigencias de sus secuestradores. Jorge estalló en carcajadas.

Luis cogió el mando y pasó a otro canal. Todos emitían prácticamente el mismo plano, hablaban de muerte, de grupos terroristas islámicos, de falta de libertad de expresión y de que la sociedad se encontraba consternada.

—Y ahí los tenemos. Lo peor de nuestros mejores periodistas. —Beatriz levantó su cerveza en el aire atravesando una nube de humedad que flotaba en el ambiente.

DESCONOCEMOS LA GRAVEDAD EN LA QUE PUEDE ENCONTRARSE EL JOVEN «ASTRONIUS» CUYA FAMILIA NO HA QUERIDO DAR NINGUNA DECLARACIÓN AL RESpecto …

Luis, bajó el volumen del televisor.

—¿Me estáis diciendo que Astronius va a aparecer en medio de esa calle como si nada y va a decir que era todo mentira?

—No hombre, no. Eso no sería creíble. Mira.

Tras varios minutos con la televisión en silencio. El camarero raspaba la mesa con nerviosismo mientras el matrimonio sonreía sin parar. La calle estaba llena de personas con pancartas en la que ponían absolutamente todo tipo de mensajes. Unas personas se quejaban del paro, otras llevaban máscaras simulando que eran del grupo hacker anonymous e incluso niñas de trece años llorando a moco tendido abrazadas a sus madres de cincuenta años que tenían el mismo disgusto.

—El espectáculo de las masas. Soy el destructor de mundos.

—No seas tan profundo cariño, que sólo es un anuncio.

Luis subió el volumen del televisor. Se escucharon gritos y la cámara hizo un zoom rápido e incontrolado hacia el lugar de los gritos. Aparecieron tres coches de policía con las sirenas encendidas. La multitud se apartó. Los coches no frenaron su velocidad y se dirigieron al centro de la calle donde frenaron bruscamente. La puertas de los coches delantero y trasero se abrieron. Salieron corriendo varios policías cargados con un pequeño púlpito y un altavoz.

Se escuchaba la voz del periodista. Sólo decía cosas de relleno, conclusiones precipitadas. Mensajes advirtiendo que todo el planeta estaba pendiente de lo que estaba sucediendo.

Se abrió la puerta del coche central. La pierna que asomó vestía unos vaqueros. La multitud enmudeció. Un gran pulmón formado por miles de personas tomó aire y mantuvo la respiración.

Del coche salió «Astronius», sin ninguna herida. El público estalló en gritos, vítores y desmayos repentinos. El chico no sonreía levantó la mano y corrió hacia los policías que ya habían instalado el púlpito. Le dieron el altavoz y se lo puso en la boca.

—¡Quiero pediros perdón! —Todo el mundo volvió a callarse de nuevo— Perdón por el periodismo que tenemos, perdón por las opiniones apresuradas, perdón por el miedo, por la xenofobia y por políticos que no nos merecemos. Perdón por cada vez que nos tratan como borregos y cada vez que nos sirven sus mentiras en platos calientes y bien condimentados. Perdón por cada vez que nos dicen salta y nosotros preguntamos hasta qué altura.

Las personas que se habían desmayado se pusieron de pie sin entender muy bien de qué sinsentido hablaba el chico.

—Tal y como dijo la policía desde el primer día no fui raptado. Se ha publicado una web: «nocreastodoloquetedigan.com» en donde se desvela paso por paso todo el anuncio que os han hecho vivir. Si, anuncio. —Entre el gentío se escuchó algún abucheo.— ¿Os acordáis del pederasta de Alcorcón? La policía tardó varias semanas más en localizarlo porque los periodistas filtraron antes de tiempo información que puso en guardia al violador. ¿Recordáis el caso …

La pantalla cambió a la mesa del telediario repentinamente. El presentador sonreía.

—Parece que el joven «Astronius» está en perfecto estado gracias a la rápida actuación policial. Faltan por aclarar ciertos hechos de importancia como dónde se alojó durante estos días. Pero pueden estar seguros que les mantendremos informados …

La pantalla desapareció en un punto de luz. Luis tenía el mando en la mano y la boca abierta. Se dirigió a la pareja.

—¿Y ahora qué?

—Ahora cobramos y seguiremos trabajando. Dirán que fue algún grupo de hackers, el problema de internet y la cosa no pasará a más.

—Pero… esto es muy gordo.

—Qué tontería. No ha sido más que un golpe de impacto. Lo gordo sería una revolución. La gente cuando se despierta de verdad, no abuchea a quien les ha dado la pastilla azul para salir de matrix. Los bolcheviques amaban a Lenin. ¿Cuánto te debemos?

—…

—Siempre te lo preguntamos. Cuatro con ochenta. Toma.

Jorge sacó la cartera y dejó caer unas monedas sobre la mesa. Luis permanecía pálido mirándolos.

— Y… ¿Y ahora qué?

—Ya que insistes, te lo voy a decir. —Beatriz agarró del brazo a Jorge y tiró de él.— Ahora vamos a casa a follar. Nos vemos mañana Luis.

El matrimonio salió por la puerta entre carcajadas mientras se abrazaban.

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